El mundo se desdibujaba a su alrededor, como si el tiempo se quebrara en pequeños cristales que giraban a su alrededor. Elira no sabía cuándo había cerrado los ojos, pero al abrirlos, ya no estaba en su habitación ni sentía el calor de los brazos que la protegían mientras dormía.
Estaba en otro lugar. En otro tiempo.
Vestía de blanco, con hilos de oro tejiendo los bordes de una túnica antigua. La brisa olía a incienso y fuego. Frente a ella, un palacio se alzaba como una sombra de algo que algun