El aire era denso, casi sĂłlido. Ella lo sentĂa apretando sus pulmones como si el pasado se hubiese deslizado bajo su piel y no quisiera soltarla. La habitaciĂłn estaba en silencio, pero su mente era una tormenta. SeguĂa sintiendo la sombra de esos recuerdos que no eran de esta vida, pero dolĂan como si sĂ lo fueran.
El rostro de aquel hombre seguĂa clavado en su mente: no el actual, no el que ahora la seguĂa con esa mirada rota y posesiva, sino el de una vida anterior. Uno que la amĂł con una dev