El fuego crepitaba suavemente en el centro del campamento, pero el calor no alcanzaba a disipar el frĂo que se habĂa instalado en los huesos de Eira. SeguĂa viendo ese rostro una y otra vez, esa figura que habĂa emergido de la visiĂłn como un puñal inesperado. No podĂa decirlo. AĂşn no. No sin pruebas, no sin certezas.
Aidan la observaba desde el otro lado del fuego. No habĂa insistido en que hablara, pero su mirada era una mezcla de preocupaciĂłn y frustraciĂłn contenida. SabĂa que Eira le ocultab