Mundo ficciónIniciar sesiónArianne Silverhowl amó a Axel Sinclair con toda su alma. Pero él volvió de la muerte, frío, sin sentimientos... y la rechazó con crueldad. Destrozada, juró olvidarlo y aceptó un matrimonio de conveniencia. Pero nunca imagino que durante su propia ceremonia de unión, Axel llegaría para desenmascarar al prometido y por un instante, el corazón de Arianne se enciende creyendo que lo ha hecho por amor. Esa ilusión se hace añicos cuando él, le afirma que solo la necesita, porque él, prisionero de una resurrección que le arrebató el corazón, también le exige energía de su loba para sobrevivir y va por ella creyendo que será fácil dominarla. Herida de nuevo, Arianne está tentada a rechazarlo. Sin embargo, al mirarlo, no ve al hombre que amó, sino al arma perfecta. Ya que traicionada, maltratada y con la fe en el amor perdida, solo vive por una cosa: venganza. Así que acepta. Lo que nunca imaginó es que cada contacto con ella despierte en Axel algo que creyó muerto y que cada noche que la posee, el deseo carnal se transforma en hambre de algo más. La razón es que el corazón del lobo sin sentimientos... late de nuevo. Pero Arianne ya no es la hembra que lo amó ciegamente y si Axel quiere que lo ame otra vez, deberá demostrarle que cada latido de su frío corazón es por ella.
Leer más—¡Me prometiste que seríamos uno! ¡Que me harías tu Luna!
El grito de Arianne se ahogó contra el pecho de Axel. El cuerpo del Alfa, antes una montaña de calor y poder, ahora era solo mármol gris sobre la mesa de piedra. Por él, Arianne lo había arriesgado todo: su título de princesa de las Tierras del Norte y su alianza con un hombre al que temía.
Había sacrificado su futuro por un cadáver.
—¡Despierta! —suplicó, golpeando su pecho inmóvil—. No puedes dejarme a merced de ellos. ¡Axel!
De pronto, el aire de la cámara fúnebre se volvió pesado. Las heridas de Axel, antes mortales y abiertas, comenzaron a cerrarse con un sonido siseante. Rowan, el Alfa de los Cazadores, retrocedió con la mano en el pomo de su espada.
—No es posible… —susurró Rowan.
El pecho de Axel se elevó en una inhalación violenta. Sus ojos se abrieron de golpe. Arianne soltó un grito de pura alegría y se lanzó sobre él, envolviéndolo en un abrazo desesperado.
—¡Estás vivo! ¡Mi amor, volviste! —sollozó ella, buscando sus labios.
Pero el hombre debajo de ella no se movió. No hubo manos rodeando su cintura, ni el aroma a bosque y tormenta que solía reconfortarla. Axel estaba rígido como una estatua.
—Suéltame —la voz de él era monótona, carente de cualquier rastro de humanidad.
Arianne se congeló. Se apartó lo suficiente para mirarlo a los ojos y retrocedió por el impacto. El brillo ámbar de su mate había desaparecido; en su lugar, solo había un vacío glacial.
—Axel… soy yo —balbuceó ella, con el corazón martilleando contra sus costillas—. Soy Arianne.
Él se puso de pie con una agilidad mecánica, ignorándola por completo. Miró a Rowan y luego a Cassian, que entraba en la sala.
—Informe de situación —ordenó Axel—. Necesito el recuento de bajas de la guerra contra los vampiros y el estado de las defensas periféricas.
—¿Axel? —Rowan dio un paso adelante, confundido—. Hermano, acabas de resucitar. Arianne ha estado rezando a la Diosa Luna por ti durante horas…
Axel dirigió su mirada hacia la princesa. Fue como si un extraño la analizara.
—Lágrimas innecesarias —sentenció él—. La muerte es un proceso biológico. El sentimentalismo solo retrasa la reconstrucción de la manada.
Arianne sintió que le daban una bofetada. Intentó tomar su mano, pero él la apartó con una brusquedad que la hizo tambalear.
—¿Recuerdas lo que me dijiste antes de morir? —preguntó ella, con la voz quebrada—. Dijiste que me amarías por siempre. Que romperíamos mi compromiso con Ezequiel y…
—Fueron las alucinaciones de un moribundo —la cortó él, dándole la espalda—. Eso ya no significa nada.
—¡Mientes! —gritó Arianne, bloqueándole el paso—. ¡Tu lobo me reconoce! ¡Blaze sabe que soy su Luna!
Axel se detuvo y se inclinó hacia ella. Su rostro estaba a centímetros del suyo, pero no había deseo, solo una indiferencia cruel que la destrozó por dentro.
—Blaze ya no está —dijo él—. Murió conmigo. Ya no hay un lobo dentro de mí que pueda soportar tu presencia, Arianne. Eres molesta.
La soltó con un empujón frío y salió de la sala sin mirar atrás.
Esa noche, el silencio del campamento era una tortura. Arianne no podía quedarse allí, no para ser humillada por el "cascarón" del hombre que amaba. Con el alma en jirones, se internó en el bosque, huyendo de su propio dolor.
Pero al cruzar el límite de la manada, un aroma a sangre y cuero la paralizó. Una figura imponente emergió de las sombras.
—¿A dónde vas con tanta prisa, futura esposa?
La voz de Ezequiel, cargada de una posesividad oscura, hizo que el vello de su nuca se erizara. El Alfa al que había abandonado estaba allí, con una sonrisa de depredador.
—Se acabó el tiempo de jugar a la guerrera, cariño. He venido a reclamar lo que es mío por contrato.
C138-NUESTRO CACHORROUN AÑO DESPUÉS…Era primavera otra vez. La colina se alzaba cubierta de flores silvestres que se mecían suavemente con la brisa, creando ondas de colores bajo el cielo perfectamente azul. El mismo lugar donde hace un año Axel había sorprendido a Arianne con un picnic mientras esperaban la llegada de su hijo. Pero ahora, todo era diferente.Adam corría por la hierba alta con la energía inagotable que solo un niño de un año puede tener. Su pelo negro y alborotado se agitaba con el viento mientras perseguía una mariposa de alas azules, riendo con una alegría pura y contagiosa. Tropezó con una piedra oculta entre la hierba y cayó hacia adelante, pero en lugar de llorar, se levantó solo, sacudió sus pequeñas manos y continuó su persecución como si nada hubiera pasado.Arianne lo observaba desde la manta extendida sobre la hierba, con una sonrisa que parecía no tener fin. Su cuerpo ya no mostraba la barriga del embarazo, pero guardaba las suaves huellas de la maternid
C137- DONDE QUERÍA ESTARMUCHOS MESES DESPUÉS…El gran salón de la fortaleza resplandecía como nunca antes. Toda la manada estaba presente, vestida con sus mejores galas, pero no eran los únicos invitados.En un lado del salón, destacando por su elegancia natural, se encontraban los miembros de la Manada del Viento Norte. Eran lobos de pelo blanco como la nieve, que vestían túnicas de lino adornadas con hilos de plata que brillaban con cada movimiento. Habían viajado desde lejos para honrar al nuevo cachorro, el hijo de quien una vez fue una de ellos. En el centro del salón, sobre un altar de madera tallada con símbolos antiguos, un chamán anciano preparaba los elementos para la ceremonia. Arianne estaba radiante mientras sostenía en brazos a su hijo, un niño pequeño de apenas un mes. El pequeño Adam tenía el cabello negro como el de su padre, y unos ojos azules brillantes como los de su madre. A pesar de su corta edad, estaba despierto y alerta, observando todo a su alrededor con una
C136- SU HOGAREl beso empezó lento, dulce, pero pronto se hizo más profundo. Sus bocas se movían con esa familiaridad que solo tienen las personas que se han elegido mil veces. Las manos de Axel bajaron por la espalda de Arianne, y ella suspiró contra él, dejando que sus dedos se enredaran en su cabello. La ropa, cómoda y suelta, empezó a deslizarse sin prisa y el vestido de ella cayó sobre la hierba, la camisa de él siguió el mismo camino.Arianne se apartó apenas un segundo, con una risa baja y nerviosa.—¿Aquí? —susurró, mirando alrededor, aunque sabía que nadie los vería.Axel sonrió, besando la punta de su nariz.—Aquí. Ahora. Siempre.La tumbó con cuidado sobre la manta que habían extendido entre las flores y su vientre prominente se movía suavemente con la respiración agitada de Arianne. Axel se colocó a su lado, apoyado en un codo, y la besó otra vez mientras su mano bajaba por el centro de su cuerpo. Ella abrió las piernas para él, confiada, y gimió bajito cuando los dedos d
C135- ADAM SINCLAIRHabían pasado meses desde que Lucelia partió con Tristan hacia las tierras del Norte. Aquel día, mientras todos observaban atónitos el anuncio inesperado, Arianne había sentido una punzada de preocupación. Algo en los ojos de su amiga, mostraba una frialdad calculada que nunca antes había visto y eso le había dejado una sensación inquietante en el estómago. Pero después de hablar con ella en privado, de buscar respuestas que Lucelia no parecía dispuesta a dar completamente, Arianne había decidido respetar su decisión.—Cada una debe perseguir su propia felicidad— le había dicho finalmente, abrazándola con fuerza antes de su partida. —Solo espero que realmente sea esto lo que buscas.Lucelia había sonreído, un gesto que no llegaba a sus ojos, y había respondido simplemente: —Lo es.Ahora, con la primavera en pleno apogeo, esos recuerdos parecían lejanos, como pertenecientes a otra vida. La mañana era perfecta, soleada y cálida, con un cielo despejado de un azul tan
Último capítulo