129. LUIGI GARIBALDI
CELIA:
Diletta, con una humildad poco característica en ella, bajó la cabeza y murmuró una disculpa:
—Perdón, no sé qué me agarró.
Nectáreo se adelantó muy serio e intervino deteniéndose delante de ella, su voz firme con preocupación:
—Es esa obsesión con Gerónimo que tienes. Olvídalo, es un hombre casado y viste lo fiera que es su esposa Cristal...
—No le tengo miedo a esa griega, pero... —Diletta se detuvo abruptamente, su mirada perdida hacia la puerta, como si esperara ver a Dante regres