Ya no importaba nada más.
—Ya no importa, Logan. Lo único que importa es que estamos juntos —susurró Mía, aferrándose con las pocas fuerzas que le quedaban al pecho de él, como si ese contacto fuera lo único que le mantenía de pie en medio de tanta oscuridad.
Logan, con los ojos brillantes por la furia y la ternura mezcladas, la estrechó contra sí como si jurara en silencio que nada ni nadie volvería a apartarlos.
Pero lejos de ellos, en medio del bosque que parecía encogerse bajo la tensión de