La cabaña todavía vibraba con el eco de la batalla. Las paredes de madera crujían como si presintieran que iban a ser testigos del final de una historia manchada en odio y sangre.
Owen respiraba con fiereza, los ojos inyectados en un rojo enfermizo, el sudor mezclado con la suciedad de sus manos que aún temblaban por la excitación de haber tenido a Mía bajo su control. Logan, frente a él, era un muro de furia contenido; su pecho subía y bajaba como un fuelle, los músculos tensos, las garras sem