El aire en la cabaña se volvió denso, cargado de un olor metálico y salvaje. Logan apenas alcanzó a ver el cuerpo inerte de Mía en el suelo, su respiración débil, sus párpados cerrados. Ese detalle, la fragilidad de ella en medio de la brutalidad que estaba por desatarse, fue el detonante que hizo estallar su furia. Sus ojos ardieron con el resplandor ámbar de un alfa en guerra.
Owen lo esperaba, erguido, con el torso desnudo y los músculos tensos como cuerdas de acero. Su sonrisa era la de un