El diario descansa abierto sobre mis piernas. La tinta fresca aún brilla bajo la luz cálida de la lámpara, y mis dedos tiemblan un poco al sostener la pluma. Siempre fui de palabras, siempre necesité escribir para ordenar mis pensamientos, para dejar en el papel aquello que a veces no me atrevo a decir en voz alta.
“Hoy desperté y vi a Logan dormir a mi lado. Y comprendí, una vez más, que sobrevivimos. Que, a pesar de todas las heridas, los recuerdos oscuros, las pérdidas, seguimos aquí. Su res