Los cuatro permanecieron en el suelo durante largos minutos, simplemente respirando. Cada inhalación era dolorosa pero también preciosa. Estaban vivos. Contra toda probabilidad, estaban vivos.
Dante fue el primero en intentar levantarse. Sus piernas temblaban y casi colapsó inmediatamente, pero Aria lo atrapó, sosteniéndose mutuamente.
—Despacio— Luna advirtió, aunque ella misma apenas podía mantenerse de pie. —Nuestros cuerpos pasaron por un trauma extremo.
—¿Puedes sanar...? —Dante comenzó.
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