La esperanza era hermosa, pero la realidad era dura.
Tres semanas después del sellado de Sombrael, Dante despertó una mañana sintiendo algo extraño. Se miró las manos y notó que le temblaban ligeramente. No de miedo sino de debilidad fundamental.
Luna lo notó inmediatamente. —¿Qué pasa?
—No estoy seguro— Dante admitió. —Me siento... apagado. Como si algo esencial estuviera faltando.
Zara los llamó a todos esa tarde para verificación mágica completa. Lo que descubrió confirmó lo que todos habían