Cinco años después de su renuncia, Dante cumplió sesenta y cinco años. Su pelaje era casi completamente gris, pero sus ojos mantenían la misma intensidad que siempre habían tenido.
Vivía en una cabaña modesta cerca del bosque con sus tres compañeras y Celeste, quien a sus noventa años era sorprendentemente vital gracias a su profunda conexión espiritual.
Era vida que había soñado: tranquila, pacífica, ordinaria.
—Los niños vienen hoy— Luna anunció esa mañana, aunque "niños" tenían treinta y och