Desperté sin saber en qué momento me había dormido.
La luz entraba por la ventana. Una luz suave. No sabía qué hora era.
El cuarto estaba silencioso. El aire estaba frío y quieto.
Sentía la cabeza pesada. La boca seca. La piel tirante de haber llorado.
Me senté en la cama.
Entonces lo escuché.
El grito.
Un alarido que se quebraba en el aire.
Deerk.
Me levanté sin pensar.
Corrí por el pasillo. Bajé las escaleras casi tropezando. Abrí la puerta del sótano.
El grito se sentía más fuerte ahí.
No er