El frío en el exterior de la mansión se había vuelto cortante, de esos que queman la garganta al respirar y entumecen los dedos en cuestión de segundos. Lucian y Reyk se mantenían firmes cerca de la entrada principal, como dos estatuas de piedra vigilando su territorio. A lo lejos, tres vehículos negros, grandes y de cristales oscuros, avanzaban lentamente por el camino de piedra que llevaba a la propiedad. No traían las luces encendidas, lo que les daba un aspecto de sombras moviéndose pesadam