Reyk se quedó mudo. No era una forma de hablar; de verdad se le cortó la respiración. La nieve crujía bajo sus botas mientras intentaba procesar lo que Lucian acababa de soltar. Había muchas cosas que no encajaban en su cabeza sobre la vida de su hermano, pero esto era demasiado.
—¿Un hijo? —susurró Reyk, con los ojos muy abiertos—. ¿Tienes un hijo, Lucian?
Lucian asintió con la cabeza, mirando hacia la oscuridad de los árboles. Ahora que lo había dicho, el secreto pesaba menos, pero el miedo s