Eiden subió las escaleras con las piernas pesadas, como si cada escalón le costara el doble de esfuerzo. Acababa de dejar a Lucian y a Reyk en la planta baja tras ponerlos al tanto de lo que estaba pasando en el hospital. Había sido una conversación rápida y tensa en la cocina, bajo la luz fría de los fluorescentes.
Lucian se mantenía en ese estado de calma gélida que tanto desesperaba a Eiden. El Alfa no gritaba, no golpeaba la mesa; simplemente escuchaba con los ojos fijos en un punto muerto,