La atmósfera en Brumavelo era irreal. El humo de la Llama aún flotaba en el aire cuando Aeryn avanzó montada al frente, envuelta en su capa roja, el rostro sereno, casi inhumano. La gente la observaba desde las veredas y balcones: algunos aplaudían con lágrimas, otros se arrodillaban sin atreverse a alzar la vista. Habían presenciado el juicio. Habían visto el fuego sagrado consumir a Kessha.
Y ahora, veían a su Alfa desfilar como si fuera algo más que carne y hueso.
—La Loba Roja… —susurraba