La brisa helada de Vyrden acariciaba la piel con uñas de escarcha cuando Kaelrik tomó el sendero de regreso a su cabaña. Había sido una noche larga, con mapas, acuerdos y miradas cruzadas que pesaban más que cualquier armadura.
—Alfa… —una voz suave lo llamó entre las sombras.
Una loba joven, de cabello oscuro y mirada felina, emergió desde un rincón del camino. Sus movimientos eran demasiado deliberados para fingir inocencia.
—Estás tenso… pensé que podrías necesitar compañía esta noche