El aire olía a humo y tierra rota.
Darién cabalgaba al frente del escuadrón de Brumavelo, flanqueado por dos sanadoras y su escolta. A lo lejos, los últimos rayos de sol proyectaban sombras alargadas sobre los campos devastados. Casas calcinadas, molinos reducidos a esqueletos, cultivos ennegrecidos. El sur ardía... y lo hacía con crueldad premeditada.
Sareth fruncía el ceño mientras le señalaba el tercer poblado arrasado.
—Fueron directos. Fuego dirigido, sin saqueo. Esto fue un mensaje, no