Leonardo recostó la cabeza en la silla, pensó en su pequeño hijo, en el fondo sabía que lo que estaba haciendo era por su bien, aquello que había iniciado no terminaría hasta que él lo quisiera.
—Marcello, toma la delantera, no te detengas ante nada ni ante nadie, hemos venido a acabar con todo, no quiero rehenes, espero me entiendas —ordenó Leonardo con un tono de voz seco.
—¿Y su hermano? —preguntó.
—Él será mío, Mario recibirá el castigo de mí furia —respondió Leonardo.
Pocos minutos más