Mundo ficciónIniciar sesiónVictoria no podía ocultar la fascinación que sentía por su jefe, cada vez que este le dirigía la palabra. Su voz era profunda, varonil, lo suficientemente fuerte para hacerle temblar, aunque, algunas veces esto era producto del miedo que le tenía al excéntrico hombre y, otras era debido al intenso placer que le había empezado a enseñar.
Leer másLas probabilidades de que el embarazo llegará a buen término, eran bastante escasas. El doctor le había informado que la anemia adquirida en el cautiverio, podría tener consecuencias terribles para su embarazo. —Doctor, por favor deseo con todas mis fuerzas tener a este bebé—suplicó la mujer al médico. —Lo entiendo, señora Esquivel, pero comprenderá que eso no está en mis manos garantizarlo. Victoria sintió que el mundo se le venía encima. «No de nuevo, por favor», suplicó en su mente. No quería perder a esa criatura que recién empezaba a formarse en su vientre. —Tranquila, todo saldrá bien—la abrazo Massimo cuando el facultativo abandonó la habitación. —Massimo, no sé si lo soportaría—habló refiriéndose a la posible pérdida de su bebé. —No ocurrirá, Victoria, tendremos a ese niño—afirmó el hombre con convicción acariciando su vientre plano. Victoria asintió con las lágrimas empañando su visión, pero dispuesta a creer que todo saldría bien. Fueron meses difíciles los que pasó r
La noticia había sido tan sorpresiva para Victoria que aún no la lograba asimilarla del todo. Era simplemente increíble. Un bebé, un bebé venía en camino. No sabía qué sentir al respecto, sentía temor, dudas y miedo. Pero también sentía alegría por la nueva vida que estaba por llegar. Solamente esperaba que todo saliera bien, que esta vez si pudiese conocer a ese pequeño ser que se estaba formando en su vientre. Su situación actual era delicada, había sufrido desnutrición y maltrato. Debía permanecer en el hospital hasta que se recuperara completamente, además de que debían monitorear a la criatura, por las posibilidades de que se le presentará un nuevo aborto. Aquello era lo que más le asustaba, no quería ilusionarse con ese pequeño y luego perderlo. No sabía si podría soportarlo, no de nuevo. Llevaba exactamente una semana recluida en ese centro médico. Massimo no se había despegado de su lado, aunque de vez en cuando salía a atender alguna llamada. La búsqueda de Gerónimo y aq
—Creo que ya conoces mi decisión, Gerónimo—le dijo digna, mirándolo a los ojos—. Jamás apoyaría a la persona que se atrevió a acabar con la vida de la mujer que más amaba en el mundo. Te garantizo que la justicia te alcanzara y pagaras por todos tus crímenes, tarde o temprano. Gerónimo frunció el ceño al escucharla. —Bien, que conste que te di la oportunidad de elegir—dijo antes de cerrar la puerta de manera brusca. Victoria suspiró aliviada, cuando por fin la dejo sola. Se sentía debilitada por la falta de alimento, pero estaba dispuesta a soportar su encierro sin rebajarse a suplicar a esos delincuentes. Realmente, la mujer creyó que podría llegar a soportarlo, pero cuando las horas se convirtieron en días y su cautiverio parecía interminable, no podía hacer más que implorar por piedad, afortunadamente, ninguno de esos hombres estaba a su alrededor para escucharla. —Tiene fiebre y está delirando—señalo uno de aquellos individuos a su jefe. —Quizás muera, de todas formas, ya no n
Llevaba veinticuatro horas en ese mugroso lugar. El olor a humedad y moho llenaba todo el ambiente, pero no era lo único que se percibía, había algo mucho más pestilente. Victoria miró a su alrededor y descubrió la razón de tan putrefacto olor, la sangre seca adornaba las paredes, pero además había rastros de dedos humanos en el suelo.La mujer sintió unas fuertes arcadas, aquello era más de lo que su sensible estómago podía soportar. Recién comenzaba a ser consciente de su entorno, ya que la mayoría del tiempo había estado sedada. Lo último que recordaba era la cara de Gerónimo diciéndole que nuevamente había tomado la decisión equivocada. Victoria sintió un escalofrío al darse cuenta de ello, había sido una completa estúpida al creer que con entregarse dejaría en paz a Massimo.—Ya despertó nuestra bella durmiente—habló una voz que se encontraba oculta en un rincón de aquella habitación.Victoria se asustó al ser consciente de que Gerónimo llevaba bastante tiempo, viéndola inconscie





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