—¿Usted quién es?
Herminia no lograba entender la presencia de aquel individuo en la puerta de su casa.
—¿Se encuentra Victoria?—Massimo decidió ignorar su pregunta.
—¿Victoria?—la anciana negó con extrañez—. Me temo que mi nieta ya no se encuentra en el país.
—¿Cómo dice?—el corazón del hombre dio un vuelco, mientras que aquella anciana no dejaba de mirarlo con sospecha.
Un día su querida nieta le había confesado con lágrimas en los ojos que estaba esperando un hijo de un hombre que la ha