Llevaba veinticuatro horas en ese mugroso lugar. El olor a humedad y moho llenaba todo el ambiente, pero no era lo único que se percibía, había algo mucho más pestilente. Victoria miró a su alrededor y descubrió la razón de tan putrefacto olor, la sangre seca adornaba las paredes, pero además había rastros de dedos humanos en el suelo.
La mujer sintió unas fuertes arcadas, aquello era más de lo que su sensible estómago podía soportar. Recién comenzaba a ser consciente de su entorno, ya que la m