El despertar no fue lento ni apacible. Fue una caída abrupta en la realidad, un choque violento contra la conciencia.
Lo primero que sintió Chloe fue el dolor punzante en las sienes, un martilleo rítmico que parecía sincronizado con el latido de su propio corazón. Lo segundo fue el sabor metálico y dulzón en la parte posterior de su garganta, el residuo químico del pañuelo de Thomas.
Abrió los ojos, esperando la luz gris de la tormenta en su suite.
En su lugar, encontró una penumbra dorada y ar