La carretera era una cinta de asfalto negro devorada por los faros del coche y la lluvia torrencial. El mundo exterior era un borrón de velocidad y oscuridad, pero dentro del vehículo, el aire estaba cargado de una estática mortal.
Brendan conducía con la desesperación de un hombre que sabe que la muerte le pisa los talones. El motor rugía, forzado al límite, mientras tomaba las curvas de la carretera secundaria derrapando sobre el barro. El viento aullaba a través de la luneta trasera destroza