El interior de la habitación se convirtió en una jaula de violencia.
Thomas se recuperó del primer golpe con una rapidez aterradora. No peleaba con furia ciega, sino con la precisión brutal de quien ha tenido que ensuciarse las manos para construir un trono. Lanzó un golpe al estómago de Brendan que le sacó el aire, doblándolo por la mitad.
—Eres débil, Brendan —gruñó Thomas, agarrando a su hijo por el cuello de la camisa y estrellándolo contra la pared de terciopelo—. Siempre fuiste débil. Dem