Mundo ficciónIniciar sesiónSinopsis Carolina Baxter ha sufrido toda su vida por su sobrepeso, a pesar de ser una mujer bonita y buena, su cuerpo curvy no entra en los estándares de belleza de la sociedad elite. Creía en el amor de Daniel Moore, su novio, aunque este siempre le pidió mantener su relación en secreto. El día del cumpleaños de su padre, Daniel decide pedirle matrimonio no a ella, sino a su hermana Ximena, rompiéndo su corazón. Herida, decide que quiere cumplir su sueño de ser madre sola, así que va a una clínica de fertilidad. Al realizarle los exámenes, se dan cuenta que su sangre es AB- algo que le interesa al poderoso Luciano Benedetti, el líder de la mafia italiana, quien ha esperado por una mujer con su genética desde hace años.
Leer másCAPÍTULO 1
POV Carolina Baxter
Nunca me ha gustado admitirlo, pero siempre he sido consciente de mi cuerpo. Soy una mujer con curvas, con sobrepeso, y sé que eso incomoda a mucha gente en esta ciudad donde las apariencias mandan. Me esfuerzo por parecer segura, incluso fuerte, pero por dentro me hago pequeña cada vez que escucho risas que no sé si van dirigidas a mí. Aun así, camino con la cabeza en alto. Fingir seguridad a veces es lo único que me mantiene estable.
Ese día me reuní con Daniel Moore, mi novio desde hace un año. Un año entero siendo su secreto. Él siempre me decía que su padre odiaba a los Baxter y que, por ahora, no podía arriesgarse a que lo vieran conmigo. Yo, enamorada como una idiota, acepté cada excusa. Le creí. Le creí porque quería creerle.
Lo vi llegar a nuestro escondite, siempre disponible para el. Tenía esa sonrisa seductora, esa actitud amable que siempre me hacía bajar la guardia. Pero yo necesitaba aclarar nuestro futuro.
—Daniel, tenemos que hablar —dije dándole un beso en la mano.
Él se puso nervioso.
—¿Qué pasa, Caro?
Respiré profundo, para concentrarme en mis palabras, Ya no quería seguir siendo su secreto.
—Hoy es el cumpleaños de mi papá. Quiero que vayamos juntos. Quiero que digas que somos pareja. Ya no quiero seguir así.
Daniel apartó la mirada, lo conocía y sabía lo que venía.
—Carolina… no puedo. Mi papá estaría furioso. Tú sabes cómo odia a tu familia.
—Pero llevamos un año —insistí—. ¿Hasta cuándo va a ser así?
Daniel pasó una mano por su frente quitandose el sudor con un pañuelo, estaba molesto.
—¿Vas a ir al cumpleaños de tu padre?
Asentí, el año pasado me pidio quedarme en casa, pero esta vez no tenía excusa para no ir.
—Te pedí que no fueras a esa reunión. Tú sabes que esa gente no te trata bien. No quiero que te hagan sentir mal, yo iré solo un momento para cumplir, nada más.
Sus palabras me dolieron, aunque traté de no demostrarlo. El problema no era la sociedad ni mi familia. El problema era que él tenía pena de que lo vieran conmigo.
Aun así, asentí.
—Está bien —respondí con una sonrisa fingida.—. Solo dime algo, Daniel. Si de verdad me amas, ¿no debería darte igual lo que tu padre piense de mí?
Él intento decir algo, pero no dijo nada. Se acercó, me dio un beso rápido, luego se despidió.
No llore aunque me dolía, esperaba que todo fuera producto de mi imaginación por mi inseguridad.
Regresé a casa tratando de distraerme con cualquier cosa, pero en cuanto entré a mi habitación, Ximena apareció me habia estado esperando. Se tiró en mi cama y me miró con su sonrisa, mi hermana era feliz haciendo mi vida imposible.
Señaló mi vestido para la noche
—¿Dónde lo conseguiste? ¿En una tienda de cortinas?
Ximena disfrutaba burlándose de mi peso, ella era la causa de mis inseguridades.
—Eres tonta, Ximena —contesté —No me voy a rebajar contigo.
Ella abrió los ojos, sorprendida por mi respuesta.
—Esta noche te voy a demostrar quién es la tonta —me dijo con una sonrisa pícara, planeaba algo
Se fue dando un portazo y yo solo suspire, me puse el vestido y me miré en el espejo. El vestido me quedaba ajustado, sí, pero era bonito. No tenía por qué avergonzarme. Me repetí eso otra vez antes de bajar las escaleras con ella.
En la sala, mi papá, el gran empresario Raúl Baxter, ya esperaba. Cuando vio a Ximena, aplaudió como si viera a una reina.
—Mi niña, estás perfecta. —dijo, orgulloso.
Cuando me miró a mí, me miró con ternura y me abrazo.
—Carolina, podrías ser un poco más recatada. Ese vestido… con tu busto, puede verse inapropiado.
Sonreí pero me dolio. No era la primera vez, y quizás por eso no venía a estos eventos, papá me amaba, pero no era prudente con sus comentarios.
—Papá, no tiene nada de malo tener curvas —le dije sonriendo.
Él sonrió, como si yo fuera una niña diciendo algo inocente.
—Tú sabes que eres mi alegria, Carolina. Y Ximena… Ximena es mi Orgullo.
Me solté de sus manos. Fingí que no me afectaba, pero por dentro me dolía el alma. No dije nada más. No quería darle a Ximena el gusto de verme herida.
Entrar a la fiesta fue como siempre: muchas miradas y murmullos que intentaban ser disimuladas. La gente del club jamás habia sido discreta. Cada vez que aparecia, sus ojos se iban directo a mi cuerpo. A estas alturas debería estar acostumbrada, pero nunca lo estaré del todo.
Me separé un poco del grupo para tomar una copa. No tenía ánimo de socializar. Prefería observar desde lejos y esperar a que pasara el tiempo. Quería que la noche terminara rápido.
Ximena se acercó cuando apenas había dado un sorbo.
—Deberías relajarte, Caro —dijo con esa voz dulce que usa cuando quiere diafrazar algo cruel—. Algún día entenderás que los gordos no encajan en lo mejor de la sociedad.
No respondí. Ella disfrutaba ver cómo me afectaban sus comentarios y yo no iba a darle ese placer. Me limité a mirar hacia otro lado.
Entonces lo vi. Daniel.
Mi corazón dio un salto de alegría. Caminaba entre la gente y lo seguí con la mirada, y sin pensarlo, fui hacia él. Necesitaba verlo, el me daba seguridad.
—Daniel —dije al acercarme.
Él se sobresaltó al verme tan cerca. Estiré la mano y tomé la suya, buscando un mínimo gesto de cariño. Pero en lugar de eso, su expresión se endureció.
—¿Qué haces aquí? —susurró entre dientes, muy tenso—. Carolina, hablamos de esto.
—Es la fiesta de mi papá —respondí, tratando de calmarlo —. No iba a faltar.
—Sabes que no es buena idea —insistió, mirando alrededor —. Te pedí algo. ¿Por qué no puedes complacerme?
Solté su mano y lo miré fijamente.
—¿Por qué te molesta tanto que esté aquí? —pregunté.
Él empezó a tartamudear pero algo detrás de él llamó mi atención. Mi papá. Estaba conversando con un hombre mayor que conocía solo por fotos: el padre de Daniel. Ambos parecían amistosos. Hablaban como dos empresarios que llevan años compartiendo una amistad.
Sentí que me faltaba el aire.
—Explícame —le dije a Daniel, mirándolo enojada —. ¿Por qué me dijiste que nuestras familias eran enemigas? ¿Por qué inventaste eso?
Él tomo un trago de su whisky, estaba incómodo.
—Carolina, no es lo que piensas. Yo… puedo explicarlo, solo dame un segundo para—
No alcanzó a terminar. Ximena apareció de la nada. Se aferró al brazo de Daniel y sonrió.
—Es hora —le dijo, con una sonrisa coqueta.
—Ximena, espera —intenté decir, pero ella se lo llevó arrastrandolo hacia el centro del salón.
Mi padre se acerco a ellos. Los Moore también. La música bajó de volumen y la gente empezó a prestar atención. Sentí un nudo en la garganta.
Daniel tomó un micrófono. Mi Daniel. El hombre que me besaba a escondidas, que decía amarme, que me prometía un futuro cuando apagábamos las luces.
—Gracias por acompañarnos esta noche —dijo él, nervioso pero sonriente.
Ximena estaba a su lado, con esa expresión orgullosa que siempre tiene cuando siente que ha ganado.
—Quiero aprovechar este momento especial para hacer algo importante —continuó Daniel.
Su padre dio un paso adelante. El mío también. Era evidente que todo estaba planeado desde hace tiempo.
Daniel se giró hacia Ximena, tomó su mano y, con una sonrisa, dijo las palabras que me mataron el alma
—Ximena, ¿quieres casarte conmigo?
La gente comenzó a aplaudir antes siquiera de escuchar su respuesta. Ella, por supuesto, dijo que sí. Lo dijo con una sonrisa enorme,
orgullosa. Una sonrisa que buscó mis ojos solo para disfrutar mi reacción.
El problema nunca fue la familia, siempre fui yo.
Capítulo 142La boda fue una ceremonia pequeña con las personas más importantes para la familia.Paulina y Felipe se veían felices, con la posibilidad de tener una hermosa familia delante de ellos.Andrés no hizo un escándalo, no dijo nada, solo aplaudió y podía ver que de verdad estaba feliz por su hermano, eso me hizo sentir paz, porque por fin recupere a mi familia.Paulina se había puesto un hermoso vestido blanco, el mismo que Ximena había usado para la boda con Jorge, yo sabía más que nadie lo importante que era ese vestido.Mamá nos lo habia dejado para que lo usaramos con nuestro amor verdadero, yo no tuve la suerte de que me quedara bueno, pero Paulina se veía hermosa y se que mi familia estaría feliz.—Te amo eres el amor de mi vida. Y quiero pasar cada día contigo —Felipe estaba feliz, enamorado y Paulina sonreía llena de felicidad.Se que mi hermana quería esto, Ximena nunca hubiera puesto el dinero por encima del bienestar de Paulina y eso le daba Felipe, felicidad y bien
Capítulo 141Me agarró con fuerza del cuello, para que no pudiera respirar, sentía que la garganta me quemaba, esa sensación de una piedra en medio del tórax que no deja que el aire entre a tus pulmones.Miraba hacia el lago, con la esperanza de que ellos llegaran a salvarme, pero todo era rápido, eran segundos aunque para mí era una eternidad.Tenía que luchar, por mis hijos, por el hombre que amaba, por Paulina y mi nieto en camino.Pensar en ellos mientras el aire dejaba de entrar a mis pulmones me dio una fuerza sobre humana, con fuerza le metí mis largas uñas en los ojos a Jake grito de dolor y me soltó en ese momento.Empecé a toser para poder recuperar el aire, la vida se me iba de las manos. Y yo tenía que luchar.Intente como pude levantarme del piso, el de nuevo me agarró por la espalda, le di un puntapié —¡Maldita gorda! —gruño mientras intentaba jalarme al suelo para acabar conmigo.Me defendi con uñas con dientes mientras escuchaba los gritos de ellos llamándome—¡Aquí!
Capítulo 140Hablé con Mariana, había sido herida en el abdomen cuando iba a mi casa para llevarme algunas cosas. Estaba sudando en frío pero los médicos dijeron que se iban a salvar.—Se llevo a Paulina ... Tienes que salvarla —me dijo desesperada.No sabía que hacer, le pregunté si sabía algo, si tenía alguna pista o lo que fuera necesario para ubicarlo.Mariana negó con la cabeza, hace mucho no sabía que planeaba Jake en su loca cabeza.—Para el la casa del lago, la que le regaló su abuelo es sagrada, es el único lugar que se me ocurre.Le dije a Luciano y de inmediato ordeno a toda la seguridad ir a ese lugar, en el camino nos encontramos con Felipe.—Mamá ese hombre le puede hacer daño, Paulina... Ella está embarazada —empezo a temblar, por primera vez en mucho tenía una familia y está locura podían quitársela.Llegamos a la casa del lago, estaba vacía, no había un solo rastro de Jake, me sentía desesperada. Paulina era importante para mí. Lo unico que me quedaba de mi hermana, a
Capítulo 139Narra Carolina Cuando Manuel llegó lo abracé en medio de lágrimas, mi hijo, ese bebé que yo había añorado cuando me sentí más sola en el mundo, de nuevo estaba junto a mi.Le di una caricia en la mejilla, lo miré y sus ojos eran tan cual los recuerdos, tiernos y con una profundidad igual a la de su padre.Los tres, Luciano, Manuel y yo, nos encerramos unos minutos en el estudio —Quiero escuchar su versión, se que lo que creí toda mi vida es falso —suspiro muy nervioso.Le entregué en sus manos, la prueba de que la inseminación había sido exitosa, y Luciano y yo empezamos a contarle todo, lo importante que fue el en esa momento, como ese embarazo nos unió, y como su desaparición casi nos mata.Manuel escucho atento, sus manos temblaban y sus ojos estaban llenos de lágrimas.—Gracias por decirme esto, es muy importante para mí. Yo siempre sentí que no tenía rumbo en mi vida y ahora tengo una familia que me ama.Lo abrazamos, me hubiera gustado que Andrés estuviera allí en
Último capítulo