Mundo ficciónIniciar sesiónSinopsis Carolina Baxter ha sufrido toda su vida por su sobrepeso, a pesar de ser una mujer bonita y buena, su cuerpo curvy no entra en los estándares de belleza de la sociedad elite. Creía en el amor de Daniel Moore, su novio, aunque este siempre le pidió mantener su relación en secreto. El día del cumpleaños de su padre, Daniel decide pedirle matrimonio no a ella, sino a su hermana Ximena, rompiéndo su corazón. Herida, decide que quiere cumplir su sueño de ser madre sola, así que va a una clínica de fertilidad. Al realizarle los exámenes, se dan cuenta que su sangre es AB- algo que le interesa al poderoso Luciano Benedetti, el líder de la mafia italiana, quien ha esperado por una mujer con su genética desde hace años.
Leer másCapítulo 93Su cuerpo cayó al suelo. Me quedé inmóvil, mirando a la mujer que había intentando matarme, A mi hermana y mi enemiga. Sentí dolor, rabia y una tristeza difícil de explicar. Helena había intentado destruir mi vida, pero aun así una parte de mí lloraba por la niña que había crecido sintiéndose escondida y olvidada.Un gemido nos hizo girar. Zack seguía en el suelo, pero su cuerpo empezaba a convulsionar por el veneno. Paulina se acercó unos pasos y lo observó con miedo.—Llama a alguien —me pidió sin apartar la mirada—. No quiero que muera frente a mí.Gabriela encontró un teléfono entre la ropa de Giorgio y pidió ayuda. Sin embargo, cuando regresó junto a nosotras, Zack ya había dejado de moverse.Murió.Paulina se cubrió la boca, se quedó paralizada viendo el cuerpo inerte.Me acerqué a ella y la abracé. Ninguna de nosotras celebró la muerte de Zack ni la de Helena, era una cicatriz que teníamos que sanar con el tiempo.Solo queríamos salir de ahí y regresar casa.Los hom
Capítulo 92Helena sostuvo el arma frente a mí con las dos manos. Sus ojos estaban llenos de rabia. Ya no quedaba nada de la mujer frágil que había llegado a mi casa fingiendo necesitar una familia.—Te aborrezco —dijo con la respiración alterada mientras mantenía el arma apuntando hacia mi pecho—. Saber que hombres como Giorgio o Luciano se fijaron en ti y estuvieron dispuestos a dar la vida por protegerte siempre fue una puñalada para mí.No aparté la mirada. Paulina permanecía detrás de mí, preparada para intervenir, aunque Zack seguía en el suelo junto al altar y buscaba una forma de levantarse.—El problema nunca fui yo —respondí con firmeza mientras intentaba acercarme un paso—. Pasaste tu vida creyendo que merecías lo que pertenecía a otras mujeres, pero nunca intentaste construir algo propio.Helena soltó una risa llena de amargura. El arma tembló entre sus manos, aunque su dedo seguía cerca del gatillo.—Es fácil decirlo cuando tuviste todo —me reclamó levantando la voz—. Tuv
Capítulo 91Nos dejaron solas unos minutos después. Escuchamos que hablaban con sus hombres sobre el dinero que todavía tenian. Querían pagarles antes de la ceremonia para recompensar su lealtad.Uno de ellos entró y nos quitó los anillos de boda. Intenté cerrar la mano, pero me torció los dedos hasta obligarme a soltarlo. Ver el anillo de Luciano en manos de aquel hombre me llenó de rabia.Paulina esperó a que cerraran la puerta y se acercó a mí hasta que nuestros hombros se tocaron.—Antes de venir le escribí a Felipe —susurró mientras miraba a Ana y Gabriela—. Le dije que iba al hospital. Si ve el mensaje, sabrá que algo pasó.—Entonces tenemos una oportunidad —respondí intentando mover las manos dentro de las cuerdas—. Pero no podemos esperar sentadas. Vamos a defendernos con uñas y dientes.Gabriela consiguió acercarse un poco. Ana seguía muy débil, pero asintió cuando le preguntamos si podía correr. Debíamos esperar el momento correcto y atacar antes de que nos obligaran a hacer
Capítulo 89La llevamos a casa y le prometimos que estaría protegida. Queríamos permanecer a su lado, pero el consejo de la Cosa Nostra exigió que Paulina y yo también asistiéramos a la reunión. Nos negamos al principio, pero los hombres de Alessandro explicaron que nuestra presencia era necesaria como parte de la familia Benedetti.Antes de salir, hablé con los escoltas. Les ordené que no dejaran sola a Ana ni un minuto y que vigilaran todas las entradas de la propiedad.—No permitan que nadie se acerque sin autorización —les advertí, mirando a cada uno con seriedad—. Si Ana quiere salir, uno de ustedes debe acompañarla.Paulina seguía inquieta cuando subimos al vehículo. Miró varias veces hacia la casa mientras nos alejábamos.—No me gusta dejarla así —dijo mientras se acomodaba junto a Felipe—. Está convencida de que Giorgio sigue vivo y parece sentir que algo va a pasarle.—Regresaremos en cuanto termine la reunión —le aseguré, aunque compartía su preocupación—. Henry también envi





Último capítulo