La lluvia había dejado de ser una tormenta para convertirse en una cortina fría y constante que empapaba el mundo. Fuera de los muros de piedra de la mansión Davenport, la noche era absoluta.
Brendan estaba agazapado cerca de la entrada de servicio del ala sur, oculto. Estaba empapado, el barro cubriendo sus zapatos y el bajo de sus pantalones, pero el frío no lo tocaba. La adrenalina que corría por sus venas era combustible puro.
Tenía los planos que había conseguido en su teléfono, brillando