Mientras Thomas Davenport se perdía en la contemplación de su víctima rota, acariciando el cabello de Chloe con la devoción enfermiza de un coleccionista que limpia el polvo de una estatua, el verdadero peligro se movía tres pisos más abajo.
Brendan emergió de las sombras de la bodega antigua como un espectro nacido del barro.
Estaba cubierto de tierra y grasa, empapado por el agua estancada de los túneles de drenaje que no se habían usado en décadas. Sus manos sangraban de nuevo, los nudillos