El mundo exterior estalló en luces azules y rojas, pero para Matilde y Brendan, el verdadero estruendo estaba ocurriendo en el espectro invisible de la red.
Los oficiales los sacaron del coche con gritos y armas en alto, tratándolos como fugitivos peligrosos. Brendan no se resistió. Se dejó esposar, su única preocupación era mantener la vista fija en Chloe, quien era sostenida por una oficial mujer. Estaba sucia, cubierta de hollín y sangre seca, con el vestido de novia rasgado hasta los muslos