46. Beso entre aliados
Kaien sonrió ante la pregunta y, por un instante, quiso ser sincero. Decirle que, en ese momento, lo que más deseaba era desnudarla y hacerla suya en esa cama, aunque fuera solo por una noche, para sacarse esas ganas del cuerpo. Pero... ¿y después qué? Ella era una mujer recién separada y, por muy fuerte que se mostrara ahora, su corazón seguía herido. Debía de quedar algún resquicio de sentimientos hacia ese tipo.
—Digamos que no —mintió.
Medea no se lo creyó ni un segundo. Había pasado años d