93. Rayo de esperanza
Kaien bajó del auto a toda prisa, sin siquiera cerrar la puerta, y se adentró en la propiedad de su amigo. Golpeó la puerta con impaciencia, dominado por la angustia.
En cuanto Samuel abrió, Kaien entró sin esperar invitación, mirando desesperado a su alrededor.
—¿Dónde está? ¿Dónde la tienes? —bramó, fuera de sí—. ¡Dime, Samuel!
—Cálmate, Kaien. Está en la última habitación —respondió su amigo, conduciéndolo hasta la puerta. Sacó las llaves y la abrió.
Dentro, Kaien encontró a Mirka intentando