47. Acepto el trato
Medea abrió los ojos de par en par y se incorporó en la cama, empapada en sudor. Se llevó una mano al rostro, segura de que lo tenía rojo, ardiente. ¿Eso había sido un sueño… o realmente sucedió?
—Señora —Rogelio llamó a la puerta—. ¿Puedo pasar?
—Adelante —respondió mientras se acomodaba el cabello y se masajeaba las mejillas ruborizadas.
—Buenos días —la saludó al entrar—. ¿Cómo se siente?
—Fatal. Todo me da vueltas...
—Anoche se embriagó —la interrumpió el anciano—. Tomó demasiado y