94. Todo se acabó
Medea estaba aterrada. Saphira no pensaba con claridad, y aunque la policía se acercaba, solo era cuestión de segundos para que apretara el gatillo contra Elian y luego contra ella. O al revés.
—Saphira... —Elian tragó saliva y levantó lentamente las manos a la altura de sus hombros—. Baja esa arma, por favor.
—Eres un miserable, Elian —la castaña lloraba desconsolada, las lágrimas inundaban su rostro—. ¿De verdad creíste que podrías dejarme atrás? ¿Que serías feliz sin mí? ¡No voy a permitirlo