95. Por fin en familia

El fuerte olor a medicamentos se filtró por las fosas nasales de Medea cuando recuperó la consciencia. De inmediato supo que estaba en un hospital y, poco a poco, sus recuerdos se hicieron nítidos.

Todo su cuerpo dolía, en especial el rostro. Al intentar moverse, su mano rozó un mechón de cabello y notó que alguien estaba a su lado. Kaien estaba allí, recostado contra la camilla, como si se hubiera quedado dormido acompañándola.

—Kaien... —murmuró.

Su esposo levantó la cabeza de inmediato al escucharla. Se frotó los ojos y sonrió al verla despierta.

—Cariño —dijo, sentándose en el borde de la camilla—. Estás despierta.

—¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Llevas inconsciente desde ayer —respondió, apretando una de sus manos entre las suyas—. El doctor dijo que fue la conmoción, pero estás fuera de peligro. Solo tienes algunas heridas en el rostro y moretones en el cuerpo.

Ella intentó llevarse la mano a la cara, pero él la detuvo.

—No lo hagas —suplicó—, tienes parches puestos. Y no te preocup
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