Eliana despertó con la sensación de no estar sola. La primera luz del amanecer se filtraba por las ventanas, pero en su interior pesaba una sombra invisible. Se incorporó en la cama y miró alrededor: nada fuera de lo común. Sin embargo, el presentimiento no desapareció.
Mientras caminaba hacia la biblioteca, notó algo extraño. En la esquina de la plaza, un hombre encapuchado parecía observarla con demasiado interés. Fingió acomodarse el manto y giró hacia otra calle, pero cuando volvió la vista