El gran salón del castillo estaba iluminado por antorchas que proyectaban sombras alargadas sobre las paredes de piedra. Lyra, líder de los vampiros, se mantenía erguida en su trono, sus ojos rojos clavados en Kael, el líder de las hadas. Ambos se observaban con desconfianza, aunque la tensión de la guerra les obligaba a dialogar.
—Tu pueblo nos ha cazado durante siglos —dijo Lyra con voz fría.
—Y el tuyo nos ha reducido a vivir en rincones ocultos —respondió Kael, firme, sin apartar la mirada—