Las campanas del pueblo repicaron al amanecer, no para anunciar una celebración, sino para convocar a una reunión de urgencia. Los aldeanos acudieron con semblantes tensos, y Eliana, aunque deseaba pasar desapercibida, se mezcló entre la multitud.
En el centro de la plaza, el anciano del consejo habló con voz firme, aunque la edad le hacía temblar las manos.
—Hemos recibido noticias del castillo vampírico. Dicen que sus filas han sido debilitadas por ataques de precisión, como si alguien estuvi