KIARA DE SANTIS
Desperté con la cabeza palpitándome suave, como después de una noche de vino y confesiones.
Parpadeé con dificultad. La luz que entraba por la ventana era tenue, suave.
No me dolía el cuerpo, pero me sentía extraña… como si hubiera tenido un sueño tan dulce que ahora dolía haber despertado.
Me quedé mirando el techo unos segundos.
Una palabra flotaba en mi cabeza.
Un nombre.
Noah.
Entonces lo recordé.
Su voz.
Su mano fría sobre mi frente.
El roce de sus dedos en mi mejilla.
¿Me