SILVANO DE SANTIS
La música llenaba el salón como un latido compartido. Había flores por todas partes, risas, brindis, y el aire cargado de esa magia que solo una boda puede tener. No una, sino dos: Paolo y Mily, Noah y Kiara. El destino había querido que las dos parejas sellaran su amor el mismo día, rodeados de toda la familia, al igual que lo hicimos Lucien y yo. Habían pasado dos meses, el pequeño Lucciano había heredado los ojos miel, perdí mi apuesta, yo creía que serían azules como Lucie