El amor fue nuestra mayor victoria.
Epílogo
LUCIEN MORETTI
El sol caía lento sobre la terraza, tiñendo de oro el jardín. El vaso de whisky se enfriaba en mi mano mientras miraba hacia adelante, a la escena que me arrancaba sonrisas cada vez: Lucciano, mi pequeño, corriendo detrás de la pelota junto a sus primos Silvana y Alessandro, riendo a carcajadas. Los tres eran una tormenta de vida, un huracán de inocencia y felicidad.
Unos metros más allá, Anny y Addy los perseguían, tratando de alcanzarlos sin éxito. Sus risas llenaban el aire, y yo me descubrí sonriendo, con el corazón lleno.
Alguien se dejó caer en la silla a mi lado. Reconocí enseguida ese porte tranquilo y esa mirada gris. Silvano.
—Son hermosas, ¿no? —dijo, con una media sonrisa mientras se servía también un vaso—. Nuestras mujeres.
Asentí, sin apartar la vista del jardín.
—Hermosas y fuertes. Mira lo que nos dieron… —hice un gesto hacia los niños—. El mejor regalo del mundo.
Silvano inclinó la cabeza en señal de acuerdo, y por un momento no dijimos nada m