KIARA DE SANTIS
Cuando Anny y Silvano regresaron de París, el ambiente en el departamento volvió a iluminarse.
Ella entró con una sonrisa de enamorada colgando en sus labios, con bolsas en las manos, fotos en el celular y ese brillo que solo tienen las mujeres que han sido amadas en una ciudad como París.
Yo me acerqué con mi mejor máscara.
Perfectamente colocada. Perfectamente firme.
La insoportable de siempre.
—¡Annyyyyy! —le grité, abrazándola con fuerza exagerada—. Ya era hora, estaba a pun