KIARA DE SANTIS
Había pasado un día entero desde que estuve con Noah, él había llegado temprano esta mañana y como cada día había ido al despacho de mi hermano a trabajar.
—¡Noah! Voy de compras, amor, me aburrí de tus caras largas.
Grité desde la puerta mientras me acomodaba las gafas oscuras y me colgaba la cartera en el hombro. El departamento estaba iluminado por el sol de la mañana y olía a café… pero yo no podía respirar.
—¿Necesitas que te acompañe? —escuché su voz mientras salía del des