LUCIEN MORETTI
Volví a Italia esa misma noche.
No quería, pero debía. Tío Bastien y mi padre me lo habían dejado claro: si queríamos cazar al enemigo, debíamos dividir el tablero. Y yo… yo tenía el mapa financiero en la cabeza. Sabía por dónde empezar.
Dejé la sangre atrás, pero no la culpa.
Entré a mi departamento, encendí las pantallas, activé el sistema de rastreo de movimientos financieros sospechosos… y comencé a cazar como me enseñaron en la universidad: buscando robos hormiga, triangulac