ADELINE DE FILIPPI
Italia tenía un ritmo distinto. En casa de papá, el amor se sentía en los abrazos, en los consejos sabios y en el aroma de las galletas recién horneadas. Pero aquí, en nuestra casa, el amor se respiraba en forma de rutinas, de complicidad silenciosa, de miradas cómplices entre llamadas y besos furtivos entre reuniones. Lucien y yo habíamos construido nuestro refugio. Nuestro hogar.
Habían pasado unas semanas desde el ataque, Silvano había actuado con frialdad y precisión, los