ADELINE DE FILIPPI
Lucien llegó de madrugada. Ni siquiera lo escuché abrir la puerta, pero su presencia me envolvió como un huracán apenas el colchón crujió a mi lado.
—¿Lucien? —susurré, entre dormida y alerta.
No me respondió con palabras. Solo me abrazó. Fuerte. Como si tuviera miedo de soltarme. Como si acabara de regresar de una guerra que no quería contarme.
Su respiración estaba agitada. Su piel, tibia. Y sus labios encontraron los míos con una ansiedad que no me dio tiempo a entender. M