ADELINE DE FILIPPI
La mañana avanzaba tranquila. Demasiado tranquila, considerando que tenía a un exsoldado sentado frente a mí, tomando notas con precisión quirúrgica y ordenando mis archivos como si le fuera la vida en ello.
Silvano.
Impecable como siempre. Camisa ajustada, chaqueta oscura, el cabello peinado con exactitud milimétrica. Ni una arruga. Ni un gesto de más.
Pero esta vez, lo observaba distinto.
Ahora sabía quién era.
O al menos, una parte. Aún sentía que algo escondía.
Lo veía ma