JOSH MEDICCI
Mi hermano mayor me trajo a trabajar con su jefe.
Pensé que sería otra misión de rutina, vigilancia, análisis, protocolos.
Pero no.
Me había tocado ser el maldito niñero de una adolescente insolente que parecía tener una respuesta afilada para todo y un ego del tamaño de la mansión donde vivían.
Ahora mismo, estaba observando su “entrenamiento”.
Y lo digo entre comillas porque… ¿qué familia entrena así?
Estaban todos ahí.
Riéndose.
Derribándose.
Gritando.
Golpeándose con la misma n