MARIE MORETTI
El agua caliente caía sobre mí como una bendición.
Me dejé estar bajo la ducha, con la frente pegada a los azulejos fríos, dejando que el vapor envolviera mi cuerpo y, ojalá, también mis pensamientos.
Necesitaba olvidarlo.
Necesitaba sacarlo de mi sistema.
Ese tono de voz.
Esa maldita cara de póker.
Esa forma de hacerme sentir como si fuera una niña tonta e imprudente.
—Idiota —murmuré, apretando los ojos con fuerza.
Maldito Josh.
Con su tono autoritario.
Con esos brazos marcados