ADELINE DE FILIPPI
España nos recibió con un cielo azul, despejado, como si hasta el clima supiera que hoy era un día sagrado. La casa de los Wilson estaba decorada como nunca: luces colgaban de los árboles, flores blancas y lavanda adornaban cada mesa, y al fondo del jardín, un arco de rosas y peonías esperaba para ser testigo del “sí, acepto” de Clarita y Asher.
Me quedé quieta un instante, dejando que mis ojos lo absorbieran todo. El vestido que Marie había diseñado para Clarita parecía sali